Página Oficial de Altea

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Paisaje

El término de Altea tiene una extensión aproximada de 32 Km. cuadrados con una gran variedad de relieve. Desde la playa hasta 1129 m. de altura de la sierra de Bernia, la huerta y los barrancos, las calas y los acantilados, los collados y las amplias huertas regadas... y en medio de este lienzo un mosaico de caminos, puentes, casas, ermitas y dos pueblos Altea y Altea la Vella, que en su crecimiento van generando nuevas teselas.

Además, Altea ha ido creando desde hace 400 años distintos arrabales.

La ciudad amurallada aún conserva sus puertas de entrada. El Portal Nuevo y el Portal Viejo, así como el trazado de sus calles y las glorietas, ocupando los baluartes.

A su alrededor el arrabal de los labradores, el Fornet y en la vertiente oeste, el arrabal marinero. Entre ambos, les Costeres, que van a dar a la plaza de la Creu y Bellaguarda. Toda esta parte del pueblo se muestra estructurada hacia 1750.

Entonces empieza a desarrollarse el eje paralelo a la costa. El establecimiento del convento franciscano (1728), la reordenación de la carretera de Alacant a Valencia a mediados del siglo XIX y la inauguración de la línea del ferrocarril Alacant-Dénia en 1914, estructuran las actuales calles la Mar y Conde de Altea.

La playa donde los pescadores varaban sus barcas ya estaba rodeada por el núcleo urbano. La construcción del puerto hacia 1945 desplaza la actividad pesquera que dejará paso al Paseo Marítimo, cuando ya comenzaba la construcción de urbanizaciones y chalés.

En la ribera norte del río Algar la construcción de chalés había comenzado en los años veinte del siglo XX, y se conservan en la Olla y Cap Negret buenas muestras de estas torres y casas, algunas tan suntuosas como Villa Gadea, pero todas con interesantes elementos decorativos.

Alejada de la bahía, Altea la Vella conserva la antigua atmósfera de sus calles. Desde su punto más alto donde se encontraba el Castellet, las calles bajan serpenteando creando un aspecto apiñado con la iglesia en su cima. Y justo detrás del pueblo, la Font Gran, desde donde arranca de su azud, la acequia madre de Altea la Vella.

Además de los dos núcleos urbanos, están todas las pequeñas agrupaciones de casas con ermita que conforman las denominadas Partidas, algunas de las cuales tienen más de 250 años. Sin embargo, se han seguido construyendo ermitas y las casas de labor se han convertido en casas de veraneo, que conviven con las nuevas agrupaciones: las urbanizaciones residenciales.